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La Virgen en la iconografía románica:

El tema de la Virgen con el Niño es uno de los preferidos en la escultura religiosa de todos los tiempos y junto al de los Calvarios el más representado en la escultura hispana, entre los siglos XII y XIV.

El tipo más habitual en la iconografía románica mariana fue el de Sede Sapientae o Trono de Sabiduría que responde a modelos tradicionales de influencia bizantina. En ellos predomina la relación directa con la figura del Salvador.

Siempre sostiene a su hijo en brazos mostrándolo al mundo, sin mantener con Él una relación maternal.

María se presenta así, como la mujer que hace posible el milagro de la Redención, y como tal aparece, con toda la dignidad, situada en un trono, hierática, frontal e intemporal.

Habitualmente se emplea para esto una composición cerrada, de volúmenes geométricos reforzados por el empleo de la línea recta.

Estas pequeñas imágenes exentas fueron, generalmente, producto de talleres modestos de tipo popular que, a menudo, alejados de los grandes centros culturales se limitaban a repetir un número muy reducido de tipos iconográficos, que tuvieron mucha aceptación y larga pervivencia en el tiempo.

La imagen de Nuestra Señora del Refugio está datada en el último tercio del siglo XII. Esta realizada en madera policromada y tela. Tiene una tamaño 70 x 23 cm. Desde principios del siglo XX se conserva en el Museo Arqueológico Provincial de Ourense.

Nuestra Señora del Refugio| © Museo Aqueolóxico de Ourense

La talla de Nuestra Señora del Refugio de Compostilla:

Paradigmática de esta iconografía resulta esta talla que representa a María entronizada. Su rostro de perfil ovalado es candoroso y dulce. Va tocada por un velo blanco que dibuja un zigzag en su caída y por una corona real, signo de su dignidad de reina y corredentora.

Viste una túnica y un manto que todavía conservan la rica policromía original, en azul y rojo, enriquecidos con motivos de rombos y bordes adornados por una cinta dorada y negra que evoca la forma de delimitar los contornos en las miniaturas románicas. Con los brazos, que hoy no se conservan, sostendría al Niño, del que observamos su huella en el regazo de María.

Como es habitual en este tipo de tallas, la parte posterior no está trabajada, ya que estas imágenes solían estar colocadas en un lugar preferente dentro de una hornacina sujeta a la pared, de modo que su parte posterior permanecía oculta.

La escultura tiene una función didáctica, y para eso, se elimina todo aquello que no es esencial y se realza lo que es fácil de comprender por unos fieles muchas veces analfabetos.